Mercado de Wuhan coronavirus

El mundo está sufriendo una crisis sanitaria sin precedentes a causa del coronavirus. Si bien la prioridad actual de todos los países del planeta es frenar la expansión de la pandemia, para los que estamos confinados puede resultar ser también un buen momento para preguntarnos muchas cosas como, por ejemplo, el motivo del surgimiento del terrorífico y letal Covid-19. Según mi punto de vista, la razón principal es por la forma en la que los seres humanos tratamos a los animales.

La naturaleza se defiende de las agresiones perpetradas por la humanidad

Se suele decir que la naturaleza es sabia y que, de alguna manera, se ‘defiende’ de las agresiones que los seres humanos ejecutamos sobre el planeta y los seres que lo habitan de forma constante y de múltiples maneras. Contaminación, explotación sin control de recursos y masacre sistemática de todo tipo de formas de vida, en especial de animales.

Algo no estamos haciendo bien. Y lo sabemos. La naturaleza ya nos viene avisando de ello desde hace tiempo en forma de catástrofes naturales que, generalmente, afectan a los más pobres. Y las consecuencias del cambio climático son cada vez más tangibles. Pero no hacemos ni caso. Nosotros seguimos ‘a lo nuestro’, depredando sin control.

Como caso paradigmático, señalar los continuos fracasos de las cumbres contra el cambio climático. En su globalidad, el ser humano es tan estúpido que es incapaz de proteger el entorno del que depende su propia existencia. Al final –muchos piensan-, tampoco pasa nada ‘tan grave’ que distorsione de forma evidente nuestro estilo de vida. Los casquetes polares nos quedan muy lejos.

Pues bien, esta cosa grave ha llegado. Y se llama coronavirus.

El Mercado de los Horrores de Wuhan, museo viviente del maltrato animal y epicentro del coronavirus

A estas alturas, todo el mundo ya sabe dónde se originó el coronavirus. Fue en el mercado de Wuhan, una especie de museo viviente del maltrato animal. Un lugar en el que todo tipo de seres vivientes se venden, se compran, se matan -a menudo de una forma tremendamente cruel- y se comen.

En el mercado de Wuhan los animales no tienen derechos. Son como un brócoli o una lechuga. Son cosas.

En este dantesco mercado, antes del inicio de la pandemia del coronavirus, se vendían todo tipo de animales, tanto de granja como salvajes. Vivos y muertos. Los vivos, generalmente se guardan en minúsculas jaulas, sometidos a un brutal estrés.

Los animales, conscientes de su fatal destino, defecan y orinan más a menudo. Wuhan es una ciudad calurosa. El olor corporal de los animales vivos y de las ‘personas’ que los comercializan se mezcla con el de las heces, la orina y con el hedor de los trozos semiputrefactos de animales muertos. Si el infierno huele, seguramente huele como el mercado de Wuhan.

En el mercado de Wuhan podemos comprar muchos tipos de animales. Algunos nos resultan familiares, como los cerdos. Otros no, como las serpientes, los perros o los murciélagos, el animal que ha transmitido el coronavirus a los humanos. Precisamente son los mamíferos como los murciélagos los que, potencialmente, pueden transmitir enfermedades como el coronavirus a los seres humanos.     

Podríamos pensar que el de Wuhan es un mercado excepcional, pero no lo es. Existen muchos mercados similares a lo largo y ancho de toda la geografía china. Así que no seamos cínicos y critiquemos tanto al presidente Donald Trump cuando se refiere al coronavirus como ‘el virus chino’. Sí, es chino y conviene decirlo porque el gobierno de este país ha permitido y sigue permitiendo la existencia de mercados de estas características en todo su territorio.

El coronavirus es chino, pero todos somos cómplices del maltrato animal

Mi crítica al gobierno chino por tolerar el maltrato animal sistemático es claro y contundente. Pero no seamos clínicos. La gran mayoría de nosotros somos cómplices del maltrato animal.

En la mayoría de países del mundo literalmente se masacra y esclaviza impunemente a los animales, generalmente con finalidades alimenticias. Podemos pensar erróneamente que se trata de prácticas de países del tercer mundo o escasamente civilizados pero no nos autoengañemos.

Desde nuestros aparentemente asépticos Estados del bienestar europeos, contemplamos con horror cómo tratan a los animales en China pero en todos nuestros países existen mataderos donde se sacrifican cada día a miles de animales. Pero no nos lo enseñan así que, a efectos prácticos, no existe. Preferimos taparnos los ojos y pensar que las alitas de pollo y los entrecots aparecen en las estanterías de los supermercados por arte de magia.

Quizás el coronavirus y sus dramáticas consecuencias para los seres humanos nos haga reflexionar sobre nuestra relación con los animales que, mayoritariamente, es de explotación y abuso. Sé que no tiene ninguna base científica, pero me da la sensación de que la pandemia del coronavirus es la forma que tiene la naturaleza de decirnos ‘basta’.

La pandemia del coronavirus sitúa a la humanidad en un nuevo paradigma. Los supervivientes deberán reflexionar sobre muchas cosas. Sobre cómo trabajamos, sobre la forma de relacionarnos, de alimentarnos, de desplazarnos, de consumir. Y también sobre cómo nos relacionamos con los animales. Espero que tengamos remedio y que la cruel lección valga la pena.